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VI Encuentro Igualitario de AHIGE: Conclusiones.

A los hombres nos cuesta mucho asumir un papel de cuidadores, cuando lo hacemos parece ser un mérito y se nos valora por ello. No pasa lo mismo con las mujeres que como lo asumen todos los días y en casi todo momento, no se les valora igual… es como si fuese una obligación.

Cuidar y proteger es algo que confundimos muchos hombres. La protección no es gratis, las mujeres nos la pagan con menos libertad y con más dependencia.

A muchos jóvenes les cuesta hacer actividades que socialmente no son las propuestas para los hombres. En algunas familias el cuidado es una forma de control. Hay jóvenes que evitan que les cuiden como una forma de ser libres y autónomos. El descuido es una forma de rebeldía.

Cuidar en igualdad no es fácil, porque exige sentir al otro y otra como igual, es importante entender el deseo de la otra persona, conseguir que la persona cuidada se sienta acogida, escuchada y comprendida.

Cuando hablamos de cuidar las relaciones, queremos hacer referencia a:

Atender, prestar atención, no ignorarse, aceptación pero no sumisión, respeto profundo, consciencia de las necesidades propias y ajenas, buen trato, responsabilidad, permitir pero a la vez ponerse límites, visibilizar al otro/a, entender su deseo, sintonizar, estar atentos/as, responder a sus necesidades, saber dar pero también saber pedir incluso de manera explícita, no ponerse en riesgo, reservar tiempo, no tomarlo como una tarea.

Cuidarme es quererme y no cuidar desmesuradamente… sin límites, sin medida, cuidar es dar lo que puedes y quieres y en el momento que puedas.

Una manera de no cuidar o de des-cuidar es “rutinizar” las relaciones. Conviene que el cuidado y el aprecio en las relaciones sea algo elegido y no impuesto. Existe un cuidado agradable (ocasional, voluntario) y otro desagradable y hasta injusto (obligado, continuo, excesivo, incondicional).

La actitudes de cuidado surgen desde el auto-conocimiento, de aprender a atender a nuestras necesidades y deseos, de enriquecer nuestra autoestima, pero también de la empatía con el otro/a, de poner emoción e interés en las relaciones, de mimar el lenguaje que utilizamos, de pensar con sentimiento. De repensar, repetir, atender y entender. De sentirnos cercanos. De permitirnos corregir nuestros descuidos y fallos.

 

 
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