Encontrándonos. El blog, y algo más, de los encuentros mixtos de AHIGE
 

VI Encuentro Igualitario de AHIGE: Material.

EL ABRAZO

Es agradable.

Ahuyenta la soledad.

Aquieta los miedos.

Abre la puerta de los sentimientos.

Fortalece la autoestima. ("¡Caray! ¡Quiere abrazarme... a mí!")

Fomenta el altruismo. (" Me cuesta creerlo, pero tengo ganas de abrazar a
este grandísimo bandido.")

Demora el envejecimiento: Las y los abrazantes se mantienen jóvenes por más
tiempo.

Ayuda a dominar el apetito: comemos menos cuando nos alimentamos con
abrazos.... y cuando tenemos los brazos ocupados al abrazar a los demás.

ADEMÁS, EL ABRAZO

Alivia las tensiones.

Combate el insomnio.

Mantiene en buen estado los músculos de brazos y hombros.

Es un ejercicio de flexión para las personas altas, y de estiramiento para las de poca estatura.

Ofrece una saludable alternativa frente a la promiscuidad.

Representa una alternativa saludable y sin riesgo ante el alcohol y otras
adicciones. (¡Más valen abrazos que vino y pinchazos!).

Afirma el ser físico.

Es democrático. Cualquiera es candidato a un abrazo.

Y TAMBIÉN

Es ecológicamente aceptable, pues no altera el ambiente.

Ahorra energía al economizar calor.

Es portátil.

No requiere equipos especiales.

No necesita de un sitio especial. Cualquiera, desde un umbral hasta una sala
de conferencias para ejecutivos, desde el atrio de una iglesia hasta un
estadio de futbol, es un buen lugar para un abrazo.

Hace más felices los días felices.

Hace más soportables los días insoportables.

Imparte sentimientos de arraigo.

Llena los vacíos de la vida.

Continúa ejerciendo efectos benéficos después de la separación.

Por otra parte, el abrazo evita la guerra.

Kathleen Keating

 

 

HAGAMOS UN TRATO (Mario Benedetti)

Cuando sientas tu herida sangrar
cuando sientas tu voz sollozar
cuenta conmigo

(de una canción de CARLOS PUEBLA)

Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
                      es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

 

DE "DIARIO DE UNA BUENA VECINA" (escrito por Doris Lessing en 1983)

...Pero no me casé con él, no. No sé por qué razón. Naturalmente a mi padre no le hubiera gustado un extranjero, pero tampoco le gustó el hombre con el que me casé, nunca podía aceptar algo elegido por nosotras, así que... No, no quiero pensar en esto, ya que pasé demasiado tiempo cuando era más joven pensando. Ah, qué tonta...cuando comprendí cómo eran los hombres. Ve, entonces no lo sabía. Hans era tan amable, era un caballero, me trataba como a una reina. Me levantaba del cercado de una forma tan suave y agradable, y extendíamos un pequeño mantel blanco y poníamos los panecillos y pasteles de la panadería. Yo solía decir: No, debo comerme lo mío y tú te comes lo tuyo, pero al final lo mío siempre acababa de comida para los pájaros.

...Luego sueña que Janna se la ha llevado a su casa y la cuida. Siente una intensa posesión respecto a este sueño, lo mima y lo cuida, lo evoca y lo adorna siempre que se sienta allí, pero sabe que no se realizará. No puede suceder . Pero, ¿por qué no? Era imposible que Janna apareciera de repente en su vida como lo hizo, ¿quién se lo habría imaginado? Y sus entradas y salidas, con sus bromas, flores, pasteles y cosas, todas sus historias sobre su oficina, probablemente se las inventa, al fin y al cabo, ¿cómo puede ella una pobre anciana, saberlo, si Janna decide embellecerlas un poco? Por qué, luego, no podría suceder otro imposible, que se la llevara a aquel bonito y caldeado piso y la cuidara, le hiciera sus cosas...

...Aquella noche permanecí tendida en la bañera, a la que añadía agua caliente cuando ésta se enfriaba y contemplé mi cuerpo. Es un cuerpo sólido, firme, blanco. Nada de grasa. ¡Dios no lo quiera! Nada de bolsas ni colgajos. Bueno, sin hijos. Nunca hubo tiempo para los hijos y cuando le dije a Freddie: Si, ahora podría tener uno, no me quedé embarazada. Se mostró animoso y bueno al respecto. No supe lo mucho que le importaba. Sabía que quería hijos pero no hasta qué punto. Me cuidé muy bien de no averiguarlo, supongo.

...Era un matrimonio el nuestro en que no se hablaba de cosas reales. Ahora lo veo. En realidad no estábamos casados. Era el matrimonio típico de la mayoría de la gente hoy día, en busca de ventajas por ambas partes. Siempre consideré que Freddie me llevaba la delantera.

...Detesto el horror físico. No puedo soportarlo. Solía visitarla, antes de salir a trabajar. Me la encontraba en la cocina sin hacer nada en particular, en bata. Su cara, amarilla, con un brillo enfermizo. Se veían los huesos. Por lo menos yo no le decía: ¡Te encuentras un poco mejor, muy bien! Me sentaba a su lado y me tomaba un café. Le decía: Puedo pasar por la farmacia...había tantas pastillas y medicinas. Ella me decía: Sí, pide esto o aquello. Pero no le daba un beso. Bueno, en realidad no somos una familia aficionada al contacto físico. No puedo recordar haber dado nunca un buen abrazo a mi hermana. Un beso de mala gana en la mejilla, esto es todo. Deseaba tener a mi madre en brazos y, tal vez, mecerla un poco. Cuando llegó al final y se encontraba tan enferma y se comportaba de una forma tan valiente, pensé que debía tomarla en brazos y abrazarla. La verdad es que no podía ni acariciarla. No con afecto. El olor...y ya pueden decir que no es contagiosos, pero ¿qué saben ellos? No demasiado. Solía mirarme de una forma directa y abierta y yo apenas si podía mirarla a los ojos. No porque pidiera nada con la mirada, pero yo me avergonzaba de lo que sentía, sentía pánico por mí. No, no me porté mal, como con Freddie. Pero le debió parecer que no había mucho allí...quiero decir, que yo no era gran cosa. Unos minutos por la mañana, cuando iba a toda prisa a la oficina. Siempre llegaba tarde por la noche, después de cenar con alguien del trabajo, por regla general Joyce, y, por entonces, mamá ya estaba en cama. No estaba dormida, ¡ojalá lo hubiera estado! Entraba y me sentaba a su lado. Sufría dolores a menudo. Solía prepararle los medicamentos. Esto le gustaba, podía advertirlo. Apoyo. De un cierto tipo. Hablábamos. Luego mi hermana Georgie se acostumbró a comparecer dos o tres tardes por semana y estar con ella. Bueno, yo no podía, estaba trabajando; y sus hijos estaban en el colegio. Entraba y las veía sentadas juntas. Me moría de envidia porque ellas estaban unidas. Madre e hija.

...Para mí, tener a Maudie en mi piso durante semanas o, incluso, años, sería absurdo, porque no puedo hacerlo.

Ayer se echó para adelante y me anunció, como si lo lamentara:

•  Eres una amiga para las buenas ocasiones.

Tuve que aceptarlo.

•  ¿Por qué no puedo irme a casa, por qué no puedo? - me dijo esta tarde.

•  ¡Ya sabe que no puede, Maudie! Ya no puede cuidarse.

•  Me he cuidado yo sola perfectamente bien, siempre lo he hecho -dice, sorprendida.

Maudie debería estar, y ella lo sabe, en casa de su hermana, a quien ha dedicado tanto tiempo, años, de afecto y servicio a la familia; debería estar en cama allí, y sus familiares la rodearían, con caldo y leche caliente, le darían los medicamentos.

Tengo un recuerdo de Guerra y paz que me fastidia, se refiere a la anciana condesa, en su segunda infancia. Debían permitirle llorar un poco, reír un poco, dormir un poco, discutir un poco...En aquella casa, cantidad de criados, parásitos y gente que dependía de la famili; y una anciana, sentada en una butaca en un rincón, o en la cama, se podía asimilar.

No puedo imaginarme que en alguna de las casas que conozco en este momento se pudiese instalar a Maudie, porque todos trabajamos tanto, tenemos tantas responsabilidades; nuestras vidas están reducidas a lo que podemos meter dentro, nos limitamos a arreglárnoslas y no más.

Lo que pienso cuando me encuentro aquí, sosteniendo la mano de Maudie, es que debería estar en una familia numerosa y cariñosa, que fuera como una red de goma que se puede estirar por aquí o por allá para encajarla a ella, pero esto es una tontería. También me digo que debería ser una niña inteligentemente querida por sus inteligentes padres y que su madre no tenía que morir cuando ella tenía quince años, y que tenía el derecho de haber sido una persona feliz, sana, próspera durante toda su vida. Cuando digo lo que ella tenía derecho a tener , ella, una anciana, que va a morir, es algo que elimina apuros, sufrimiento, injusticia, dolor... niega, en pocas palabras, a la condición humana.

Llévame a casa contigo, Janna, llévame a casa contigo.

¡No puedo, Maudie, puede verlo por sí misma! Y ahora debo salir corriendo, es tarde y acaba de entrar el personal de noche. La veré mañana, Maudie. 

 ...Me quedé plantada allí y ella hizo ademán de cogerme el sombreo, y yo me lo saqué y se lo di.

•  Un sombreo precioso, Janna -me dijo.

Me miró los guantes y yo me los desenfundé y se los di.

•  Bonitos guantes.

Con suavidad me ayudó a sentarme en la butaca, buscó un taburete y me levantó las piernas.

•  Bonitos zapatos -dijo.

•  Estoy tan furiosa – le dije-. Estoy tan furiosa que podría morir por ello.

•  Ya lo veo.

•  Si dejo de estar furiosa, empezaré a gritar y aullar.

•  Muy buena idea, ésa.

•  Mientras, estoy furiosa.

•  Siempre y cuando sepas contra quién estás furiosa -me dijo mi sobrina Jill, y se dispuso a prepararme una buena taza de té.

 

Y EL CUERPO ¿QUÉ TIENE QUE VER CON TODO ESTO?

Si hacemos una reflexión sobre los afectos no podemos dejar de mencionar el cuerpo.

 

Quizás alguien se pregunte: ¿y qué tiene que ver el cuerpo con todo esto?, el cuerpo es nuestro primer lenguaje: aún en el vientre materno, ya nuestro cuerpo recibe y emite las primeras señales comunicativas. Recién hemos nacidos, no tenemos otra vía para expresar nuestras necesidades o emociones, y a través de él recibimos placer o desagrado. Todo el vinculo con el afuera, se da en el bebé a través del cuerpo.

 

Pero incluso cuando somos personas adultas, el único que no puede “mentir ”, es el cuerpo: las palabras pueden enmascarar, silenciar, fingir. Pero nuestra taquicardia o rubor, temblor o palidez, respiración entrecortada o punzada en el pecho, no mienten: acusan nuestros temores, alegrías, sufrimientos y deseos.

 

Una mano sobre nuestro hombro puede llenarnos de ternura, de seguridad o de pánico, según lo que exprese ese otro cuerpo a nuestro cuerpo.

 

Por muchas razones, el cuerpo es muy importante. De él depende nuestra vida o nuestra muerte, él nos da placeres y sufrimientos, a través de él nos vinculamos con el mundo y con la gente, y él es el vehiculo material de nuestras potencialidades afectivas e intelectuales.

 

Sin embargo, qué poca importancia le damos. O bien porque no lo cuidamos (no hablo de la adicción narcisista al cuerpo, sino de “tratarlo bien”), o no hacemos caso de sus señales, o no lo empleamos como medio expresivo insustituible en el contacto con los otros. Puede sonar cursi, pero es sabido que una mirada o una caricia logran sustituir muchas palabras. Sin embargo somos personas mezquinas y avaras para corporizar nuestros afectos.

 

El cuerpo del niño y de la niña necesita de nuestro cuerpo; éste le da apoyo y contención.

 

El cuerpo adolescente provoca alegrías y temores, culpas y dudas, deseos perturbadores.

 

El cuerpo, en cualquier edad de la vida nos informa acerca de nosotras mismas, y facilita o dificulta el vínculo con las demás personas. Nuestro cuerpo tiene partes que sentimos ajenas, y otras que son casi nuestra identidad. Partes sobre-exigidas y otras sub-utilizadas. Partes que amamos y partes que rechazamos.

 

Cuando nuestra persona está creando, el cuerpo nos acompaña: observe a una persona absorta en un acto creativo tocar un instrumento musical, resolver un problema matemático, escribir un poema) y verá que la lengua, los ojos, las manos y a veces la expresión de todo el cuerpo van acompañando la acción.

 

A su vez, la libertad corporal y la posibilidad de dejar expresarse espontáneamente al cuerpo crean un estado interno que facilita el pensamiento y la conducta creativa.

 

De algún modo, darle al cuerpo su verdadero lugar es proveer a la creatividad de un continente más sereno.

 

 
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